lunes

Sobre la razón sensible de Maffesoli

No se puede pensar con las palabras que hemos heredado. Mientras la Intelligentsia sigue pensando en lo económico, el pueblo está inmerso en otro paradigma, uno diseminatorio, que permite la conciliación inclusive de los opuestos.

Debemos encontrar nuevas formas para decir lo que nos rodea. Ya no sirven las formas piramidales, jerárquicas. Categorías como razón, historia, progreso, se quedan cortas o resultan inútiles y estériles para comprender los modelos sociales emergentes. Estas son algunas ideas que plantea Michel Maffesoli, fundador junto con Georges Balandier, del Centro de Estudios sobre lo Actual y lo Cotidiano (CEAQ) en la Universidad de París V, René Descartes.

Maffesoli advierte sobre la lógica contradictoria: lo contrario ya no se sobrepasa con la síntesis. Haciendo sociología de la cotidiano, mediante un procedimiento empírico (lo que veo, no un constructo), el autor nos va introduciendo en el conocimiento de lo ordinario, que se genera en la humildad, sin la paranoia de la ciencia.

Hay cosas que no nos llevan a ningún lado pero que están llenas de significado. Maffesoli, nos hace constatar que el afecto, culmina en el momento mismo en que se realiza. En sus escritos rescata las implicaciones emocionales de lo cotidiano, como elemento no-racional (diferente de lo irracional). Nos habla de una razón sensible, de un pacto social que no es otro sino un pacto emocional.

Probablemente no encontremos las palabras adecuadas, pero Maffesoli nos alienta a buscar las menos erradas. Nuevas palabras que hablen de nuevas sensibilidades.

Amanda



Desde el lugar en que vivís en nuestros corazones, vas dejando una estela de luz. Tus pasos se encienden a medida que vas andando nuestros caminos. Vos que limpiaste con leche y miel el suelo herido de nuestra tierra, que sanaste jardines y en tus huertos muchos volvieron a nacer.
Miles de flores han poblado siempre en tu recuerdo.
Cuando te fuiste, soñé con un buque, una embarcación muy grande navegando por aguas muy frías. Desde muy lejos, veía como alguien caía al mar y unas columnas blancas despuntaban hacia la espesa noche. Me decía a mi misma desde ese otro mundo en que se adentraba: “Ves como va tranquila, ¡no se ahoga!”.
El cuerpo bajaba a las profundidades adormecido por el frío de las aguas, con la suave calma con que el mar acaricia en su inmensidad.

Sobre Imaginarios Sociales


El oxígeno no “existía” antes del siglo XIX. No se trata de que materialmente existiera o no –¡es el principio de la vida sobre la tierra!–, lo que se quiere señalar es que no era conocido tal. Aquello a lo que se daba las funciones atribuidas al oxígeno, fue una realidad que ahora ya no es. Si bien este no es un razonamiento natural, intenta hacer pensar la realidad como producto de un proceso social.

Sea como sea, intentamos -a menudo afirmamos- conocer -a pesar de las limitaciones- algo paradójicamente concreto, difuso, cambiante: la realidad. ¿Qué es lo que permite ver, percibir, entender -o no- ciertas cosas? Probablemente nuestra cultura, nuestros aprendizajes. Esto va más allá de los simples sentidos y tiene que ver con un intrincado complejo de relaciones sociales y experiencias de vida.

Sabemos que hay un mundo fuera de lo social, pero a ese mundo no tenemos acceso si no es a través de lo social mismo. ¿Hay forma de concebir un mundo y un universo con unos ojos, unos sentidos, una mente que no estén determinados socialmente? No obstante, intentamos hacerlo, pues creemos que existe algo llamado objetividad, y a esta creencia se aferran unos más que otros, unos con menos pruebas que otros.
Es así como nos arrolla irremediablemente un tren en donde los vagones del conocimiento desfilan una y otra vez. El anhelo de conocer por conocer no necesita ser práctico, útil, esencial o hacer más feliz a la gente.

Si bien las condiciones materiales de algunas personas en el mundo han mejorado indiscutiblemente, no es proporcional el avance en otros ámbitos humanos. Por ejemplo, la forma en que se trata al que rompe las reglas sociales –a pesar de los diferentes matices- es básicamente la misma: exclusión, reclusión, muerte.
¿Sabemos cómo se ha gestionado este y otros asuntos en otros lugares, en otros tiempos, en otras culturas? ¿Somos siquiera capaces de imaginar nuestra realidad de otra manera?

A veces si, a veces no. “Lo normal” es reproducir una forma social, quizá como única y necesaria, pero sin la conciencia de que esto, sin duda, habla de opciones sociales e individuales que, finalmente, deciden también lo que somos.