lunes

Amanda



Desde el lugar en que vivís en nuestros corazones, vas dejando una estela de luz. Tus pasos se encienden a medida que vas andando nuestros caminos. Vos que limpiaste con leche y miel el suelo herido de nuestra tierra, que sanaste jardines y en tus huertos muchos volvieron a nacer.
Miles de flores han poblado siempre en tu recuerdo.
Cuando te fuiste, soñé con un buque, una embarcación muy grande navegando por aguas muy frías. Desde muy lejos, veía como alguien caía al mar y unas columnas blancas despuntaban hacia la espesa noche. Me decía a mi misma desde ese otro mundo en que se adentraba: “Ves como va tranquila, ¡no se ahoga!”.
El cuerpo bajaba a las profundidades adormecido por el frío de las aguas, con la suave calma con que el mar acaricia en su inmensidad.

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